sábado, 14 de marzo de 2026

Por qué muchas fábricas desconfían de la Industria 4.0

    En los últimos años se ha vuelto casi imposible hablar sobre el futuro de la industria sin mencionar el término Industria 4.0. Aparece en conferencias, foros, presentaciones corporativas, documentos técnicos y discursos sobre modernización industrial.

    Sin embargo, cuando uno conversa directamente con responsables de producción, ingenieros de mantenimiento o técnicos de planta, la reacción no siempre es entusiasmo.

    En muchos casos ocurre exactamente lo contrario: escepticismo, desconfianza, desaliento.

    He escuchado frases como estas en diferentes plantas:

    “Eso de Industria 4.0 suena bien, pero aquí necesitamos producir.”

    “Primero arreglemos los problemas que ya tenemos.”

    “Eso funciona en Alemania, no en nuestras fábricas.”

    Estas respuestas no nacen de la ignorancia ni de una falta de interés por mejorar. En realidad, suelen surgir de algo mucho más razonable: la experiencia práctica de trabajar en entornos industriales reales.

    Para entender por qué muchas fábricas desconfían de la Industria 4.0, es necesario observar el contexto en el que operan.

La prioridad en planta: producir

    En la mayoría de las fábricas, la prioridad diaria es clara y concreta: mantener la producción funcionando.

    Las máquinas deben operar, los pedidos deben entregarse y cualquier paro inesperado puede tener consecuencias económicas importantes.

     En ese entorno, el tiempo para analizar nuevas tendencias tecnológicas es limitado. Los equipos técnicos suelen estar concentrados en resolver problemas inmediatos:

  • fallas en equipos

  • ajustes de proceso

  • mantenimiento correctivo

  • cumplimiento de producción

    Cuando el día a día está dominado por estas tareas, conceptos amplios como “transformación digital” o “Industria 4.0” pueden percibirse como algo lejano a las preocupaciones reales de la planta o una carga más de trabajo innecesario.

La brecha entre el discurso y la realidad

    Otro factor que genera desconfianza es la forma en que muchas veces se presenta la Industria 4.0.

    En presentaciones comerciales o eventos tecnológicos es común ver imágenes de fábricas completamente automatizadas, robots colaborativos, sistemas inteligentes que optimizan la producción en tiempo real y plataformas digitales altamente integradas.

    Ese tipo de escenarios puede ser inspirador, pero también puede resultar poco realista y hasta frustrante para muchas empresas.

    Como ya lo mencionamos en el post precedente, en numerosas plantas industriales encontramos situaciones como estas:

  • maquinaria que lleva años funcionando correctamente

  • sistemas de control que fueron instalados hace una década o más

  • procesos parcialmente automatizados

  • información registrada de forma manual o en sistemas independientes

    Para muchas organizaciones, reemplazar todo ese entorno tecnológico no es una opción viable, y ni siquiera la consideran necesaria.

    Cuando la Industria 4.0 se presenta como una transformación total de la fábrica, es normal que genere resistencia, resistencia al cambio, iniciando por el cambio de mentalidad.

El peso de la experiencia acumulada

    En muchas plantas industriales, el conocimiento del proceso reside en las personas.

    Operadores, técnicos e ingenieros que han trabajado durante años con los mismos equipos desarrollan una comprensión profunda del comportamiento de las máquinas y de las particularidades del proceso productivo.

    Ese conocimiento práctico es extremadamente valioso.

    Por esta razón, algunas propuestas tecnológicas pueden percibirse como un intento de reemplazar la experiencia humana con sistemas automatizados o algoritmos.

    Pero, en realidad, la esencia de la Industria 4.0 no es sustituir ese conocimiento, sino complementarlo con información adicional y organizar eficientemente ese conocimiento.

    Sin embargo, cuando esta idea no se comunica correctamente, es comprensible que surjan dudas o preocupaciones.

El temor a inversiones costosas

    Otro motivo frecuente de desconfianza es la percepción de que avanzar hacia la Industria 4.0 requiere grandes inversiones en tecnología.

    En muchos casos se asocia el concepto con:

  • robots industriales

  • inteligencia artificial

  • sistemas complejos de análisis de datos

  • plataformas digitales costosas

    Para empresas que operan con márgenes ajustados o que priorizan la estabilidad de su producción, este tipo de inversiones puede parecer innecesario o arriesgado.

    Sin embargo, una gran parte de las mejoras asociadas a la Industria 4.0 no comienzan con grandes proyectos tecnológicos.

    Muchas veces empiezan con algo mucho más simple: entender mejor el proceso productivo mediante la sistematización de la información que ya existe.

La resistencia natural al cambio

    También hay un factor humano que no debe ignorarse.

    Las organizaciones industriales, especialmente aquellas que han funcionado durante años con procesos relativamente estables, suelen ser cautelosas ante cambios importantes.

    Esto no significa que exista una actitud negativa hacia la mejora. Más bien refleja una lógica comprensible: cualquier modificación en el proceso productivo implica riesgos, demoras, comprometer los tiempos de entrega.

    Cambiar sistemas, modificar la forma de trabajar o introducir nuevas herramientas requiere tiempo, capacitación y adaptación.

    Por esta razón, muchas empresas prefieren avanzar con prudencia; otras, ni siquiera lo intentan quedándose al margen de incluso las mejoras más pequeñas.

Un enfoque más realista

    Ahora, vamos a dar una visión más precisa de esta cuarta revolución industrial, eliminando los prejuicios e ideas sesgadas.

    Cuando se observa la Industria 4.0 desde una perspectiva más práctica, el panorama cambia.

    No se trata necesariamente de transformar la fábrica de un día para otro ni de incorporar tecnologías complejas sin un propósito claro.

    En muchos casos, avanzar hacia esta visión puede comenzar con acciones relativamente simples:

  • registrar datos que antes se perdían

  • analizar fallas recurrentes en equipos

  • centralizar información que hoy está dispersa

  • conectar sistemas que ya existen dentro de la planta

    Estas mejoras no requieren transformar completamente la infraestructura industrial. Lo que cambian es la forma en que se observa y se gestiona el proceso.

    Y este cambio está encaminado, entre otros objetivos, a hacer más eficiente el proceso de producción, reducción de tiempos de paro, anticipar problemas en los procesos productivos, seguimiento exacto de cada una de las etapas de fabricación, registro de información útil, entre otros. 

Comprender antes de implementar

    Quizás uno de los pasos más importantes para reducir la desconfianza hacia la Industria 4.0 es simplemente comprender bien el concepto.

    Cuando se elimina la idea de que se trata de una moda tecnológica o de una transformación radical obligatoria, el enfoque se vuelve más claro.

    La Industria 4.0 puede entenderse como una evolución natural de la automatización industrial, donde la información del proceso comienza a utilizarse de forma más estructurada para apoyar la toma de decisiones.

    Desde esta perspectiva, cada empresa puede avanzar a su propio ritmo y según sus propias necesidades.

La importancia de empezar con pasos pequeños

    En lugar de pensar en grandes proyectos tecnológicos, muchas organizaciones obtienen mejores resultados cuando comienzan con mejoras graduales y sencillas con una mínima inversión.

    Por ejemplo:

  • registrar eventos de paro de máquina

  • analizar tendencias de producción

  • identificar variables críticas del proceso

  • documentar mejor la operación

    Este tipo de acciones permite generar conocimiento sobre el proceso sin interrumpir la operación ni realizar inversiones excesivas.

    Con el tiempo, esos pequeños avances pueden abrir la puerta a mejoras más significativas, y, por consiguiente, a crear un proceso de producción más eficiente.

Una oportunidad para entender mejor la planta

    Más allá de las tendencias tecnológicas, el valor real de la Industria 4.0 está en algo bastante simple: comprender mejor lo que ocurre en el proceso productivo.

    Cuando la información del proceso se vuelve visible, accesible y analizable, las decisiones dejan de basarse únicamente en intuición o experiencia aislada.

     La experiencia sigue siendo fundamental, pero ahora puede apoyarse con datos reales tomados a nivel de piso que ayudan a confirmar patrones, anticipar problemas y mejorar la operación.

Una invitación a observar el proceso de otra manera

    Para muchas empresas, el primer paso hacia la Industria 4.0 no es tecnológico, sino conceptual.

    Consiste en empezar a hacerse algunas preguntas básicas:

    ¿Qué información genera realmente nuestro proceso productivo?

    ¿Qué datos se pierden cada día?

    ¿Qué problemas se repiten con frecuencia?

    ¿Qué decisiones podrían tomarse mejor si tuviéramos más visibilidad del proceso?

    Responder a estas preguntas puede ser el inicio de una forma diferente de entender la operación industrial.

    En el siguiente artículo de esta serie exploraremos cómo una empresa puede comenzar a identificar su punto de partida frente a la Industria 4.0 y qué elementos conviene observar dentro de una planta para entender su nivel actual de digitalización y gestión de información.

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  • qué es y qué no es la Industria 4.0

  • cómo identificar el punto de partida de una empresa

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    En los próximos artículos de esta serie exploraremos con mayor detalle algunos aspectos clave de este tema, incluyendo cómo evaluar el nivel actual de una planta industrial y qué acciones concretas pueden tomarse para comenzar a avanzar en esta dirección.

domingo, 8 de marzo de 2026

Industria 4.0: qué es realmente (y qué no es) desde la realidad de planta

    En los últimos años se ha vuelto común escuchar el término Industria 4.0 en conferencias, artículos técnicos, seminarios y conversaciones relacionadas con la modernización industrial. Sin embargo, cuando uno sale del entorno académico o de los eventos corporativos se encuentra con la realidad de muchas plantas industriales; nos damos cuenta que la percepción suele ser diferente.

   Recuerdo una conversación que tuve hace algunos años durante una visita a planta. Mientras revisábamos una línea de producción que llevaba más de una década funcionando con sistemas de control bastante confiables, el gerente de mantenimiento comentó algo que me hizo reflexionar.

   “Nos hablan mucho de Industria 4.0, pero la verdad no sabemos si eso realmente aplicará para nosotros”.

    La planta seguía produciendo bien. Como en la mayoría de las industrias que visito, las máquinas no eran nuevas, pero cumplían su función; mantenían la producción de forma más o menos confiable. El personal conocía el proceso a la perfección y muchos problemas se resolvían gracias a la experiencia acumulada del equipo técnico y los operadores de línea.

    Desde su perspectiva, la pregunta era completamente válida.

    Si la producción funciona, ¿por qué cambiarla?

    ¿Para qué invertir en algo que parece complejo y costoso?

    Esa percepción no es rara. De hecho, es bastante común en la industria. Parte del problema es que el concepto de Industria 4.0 suele presentarse de una forma que parece lejana a la realidad cotidiana de muchas fábricas.

    Es por esto que en este artículo quiero abordar el tema desde una perspectiva diferente: la realidad de planta. No desde la teoría ni desde la visión futurista que a veces se muestra en impactantes presentaciones comerciales (que, como podemos deducir, esta es su función, crear necesidades comerciales), sino desde la experiencia práctica que muchos técnicos, ingenieros y responsables de producción viven día a día.

Por qué se habla tanto de Industria 4.0

     La industria actual enfrenta presiones que hace algunas décadas eran menos evidentes. Los mercados se han vuelto cada más competitivos, los clientes exigen mayor calidad, los ciclos de producción deben ser más flexibles y eficientes, y las decisiones deben tomarse cada vez con mayor rapidez.

   Además decir que los costos operativos siguen siendo desde siempre una preocupación constante. Paros inesperados, material de desperdicios, tiempos muertos o procesos poco eficientes pueden representar pérdidas importantes y dolorosas para una empresa.

   En este contexto, surge la idea de la Industria 4.0: como una evolución de la forma en que se gestionan los procesos industriales. No se trata de una idea simplista de únicamente incorporar tecnología nueva, sino de un cambio de perspectiva, una visión donde se pueda utilizar mejor la información que los procesos ya generan. La información se ha vuelto por demás relevante.

   Hoy en día, muchas máquinas, sistemas de control y equipos industriales producen una enorme cantidad de datos: estados de operación, alarmas, tiempos de ciclo, consumo de energía, conteos de producción, entre otros.

   El problema es que en la mayoría de los casos esa información existe, pero no se aprovecha completamente debido a que no se valora ni se le da la relevancia que siempre ha debido tener.

    Ahí es donde la Industria 4.0 comienza a cobrar sentido.

El problema: muchas empresas no saben realmente qué significa

    Volvamos al punto de inicio para destacar algunos puntos importantes. A pesar de que el término se ha vuelto popular, existe bastante confusión alrededor de lo que realmente implica.

    Cuando se menciona la Industria 4.0, muchas personas imaginan escenarios como:

  • fábricas completamente automatizadas

  • robots colaborativos trabajando en todas las líneas

  • inteligencia artificial controlando la producción

  • sistemas extremadamente complejos y costosos

    Este tipo de imágenes pueden generar una impresión equivocada. Para muchas empresas industriales, especialmente aquellas que han operado durante años con sistemas confiables pero tradicionales, este tipo de visión puede parecer poco realista. Es como mirar la cima de una montaña desde el valle. Pero esa montaña no necesariamente es la que corresponde a una empresa particular; cada planta tiene sus propios desafíos, sus propias áreas de mejora; porque no hay dos plantas iguales, no hay dos destinos iguales para cada una de ellas.

    Como se parte de una visión equivocada de lo que cada empresa requiere implementar, se genera una reacción comprensible: rechazo o desinterés.

   Si la Industria 4.0 se percibe como algo que implica reemplazar toda la maquinaria, realizar inversiones gigantescas o transformar completamente la planta, es normal que muchas empresas prefieran mantenerse al margen.

    Pero esa interpretación no refleja realmente la esencia del concepto. Vamos a profundizar un poco más.

Pero, qué es realmente la Industria 4.0

     Esta es la pregunta recurrente que nos viene una y otra vez. 

    Una forma sencilla de entender la Industria 4.0 es la siguiente:

    No se trata solamente de automatizar más, sino de comprender mejor el proceso productivo mediante el uso de información.

   Durante muchos años, el conocimiento del proceso industrial ha estado principalmente en la experiencia de las personas: operadores, técnicos, ingenieros y supervisores. Ese conocimiento es invaluable y sigue siendo fundamental.

    Y, aunque la Industria 4.0 no pretende reemplazar esa experiencia...

    Lo que propone realmente es complementarla con información accesible, organizada y útil para la toma de decisiones.

    Esto implica cosas relativamente simples en muchos casos:

  • registrar datos que antes se perdían

  • conectar sistemas que antes trabajaban de forma aislada

  • analizar información histórica del proceso

  • visualizar indicadores que ayuden a entender mejor lo que ocurre en planta

    Visto de esta manera, la Industria 4.0 no es una fábrica futurista ni una meta tecnológica obligatoria. Es, más bien, una forma distinta de observar y gestionar los procesos industriales.

Los pilares que hacen posible esta visión

    Aunque la Industria 4.0 suele asociarse a múltiples tecnologías (la mayoría confusas o complejas), en la práctica se apoya en algunos elementos fundamentales que muchas plantas ya poseen en cierta medida.

Automatización

    La automatización es la base de gran parte de la industria moderna. Sistemas de control, PLCs, sensores y actuadores permiten que los procesos operen de manera automática, repetible y confiable.

    En muchas plantas, esta automatización existe desde hace años.

    Sin embargo, en muchos casos la información generada por estos sistemas se utiliza únicamente en el momento de la operación y no se registra o analiza posteriormente.

Datos

    Cada proceso industrial genera información valiosa: estados de máquina o de proceso, alarmas, tiempos de operación, producción, consumos, entre otros muchos.

    Uno de los principios de la Industria 4.0 es reconocer que los datos del proceso son un recurso importante.

   No se trata de recolectar información sin propósito, sino de identificar qué datos ayudan a comprender mejor el comportamiento del sistema productivo.

Conectividad

   Tradicionalmente, muchos equipos industriales funcionan de forma relativamente aislada. Una máquina opera con su propio sistema de control, un operador registra datos manualmente y un supervisor revisa reportes independientes.

    Pero, aquí viene la gran ayuda, la conectividad permite integrar estos elementos.

   Esto no necesariamente implica sistemas complejos o conexiones a gran escala en cada rincón de la planta. En muchos casos, basta con conectar equipos dentro de la misma nave industrial para compartir y centralizar información clave.

Análisis de la información

    Ya se tiene los datos; pero, ¿y ahora qué hacer con ellos? 

    Tener datos no es suficiente si no se interpretan.

    El análisis permite transformar los datos en algo útil: tendencias, indicadores, comparaciones o alertas que ayuden a entender qué está ocurriendo en el proceso.

    Cuando la información se presenta de forma clara, las decisiones dejan de basarse únicamente en suposiciones y comienzan a apoyarse en evidencia.

     Este análisis de la información puede llevar a comprender por qué una máquina falla bajo ciertas condiciones y así tomar las acciones preventivas necesarias que eviten problemas a futuro o implementar rutinas de mantenimiento preventivo, cambio de sensores, lubricación, etc. 

La realidad de muchas plantas industriales

    Es importante reconocer algo que a veces se pasa por alto en las discusiones sobre modernización industrial.

    La mayoría de las fábricas no operan en entornos futuristas utópicos.

    En muchas plantas encontramos situaciones cotidianas del mundo real como:

  • máquinas con muchos años de servicio que siguen funcionando correctamente

  • procesos parcialmente automatizados

  • información dispersa en distintos sistemas o registros exclusivamente manuales

  • gran parte del conocimiento del proceso concentrado en la experiencia de un puñado del personal

    Este escenario no es necesariamente negativo. De hecho, muchas empresas han operado exitosamente durante años bajo estas condiciones.

    La Industria 4.0 no ignora esta realidad.

    Al contrario: parte de ella.

Un ejemplo sencillo

    Volvamos a imaginar una máquina que presenta paros intermitentes.

    Cada vez que ocurre el problema, el personal técnico revisa posibles causas, realiza ajustes y eventualmente la máquina vuelve a funcionar. Sin embargo, los tiempos de paro no siempre se registran con precisión y las causas no siempre quedan documentadas.

    En ese contexto, el proceso de solución suele depender principalmente de la experiencia del equipo técnico.

  Ahora imaginemos un pequeño cambio: comenzar a registrar información básica sobre el funcionamiento de la máquina.

    Por ejemplo:

  • tiempos de operación

  • frecuencia de paros

  • causas identificadas

  • condiciones del proceso en el momento de la falla

    Con el tiempo, esa información puede revelar patrones que antes pasaban desapercibidos.

    Tal vez ciertos paros ocurren bajo condiciones específicas o después de cierto número de ciclos de operación. Esa información permite comprender mejor el comportamiento del equipo y tomar decisiones más informadas.

    Este tipo de mejora no requiere necesariamente cambiar la máquina ni realizar grandes inversiones. Lo que cambia es la forma de observar el proceso.

Industria 4.0 como una dirección, no como un destino

     Uno de los malentendidos más comunes es pensar que la Industria 4.0 es una meta específica que todas las empresas deben alcanzar.

    En realidad, resulta más útil verla como una dirección de mejora, un mapa que marca una ruta.

  Cada empresa tiene condiciones distintas: tipo de producción, recursos disponibles, cultura organizacional y prioridades estratégicas. Por ello, no todas las plantas avanzarán al mismo ritmo ni llegarán al mismo nivel de digitalización.

   Lo importante no es alcanzar un modelo ideal, sino mejorar gradualmente la comprensión y la gestión de los procesos productivos.

    A veces, cambios relativamente pequeños pueden generar beneficios significativos.

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viernes, 29 de agosto de 2025

Expediente PLC (00 0DH). Puerta de Entrada al Control Digital

 


    Mis cachorros me esperaban listos para salir de paseo; y yo, un poco fumigado, pues no había dormido del todo bien, derivado de pasármela un buen rato por la noche pensando en ser nuevamente anfitrión de Dana y Susana y de brindarles una agradable estancia, me había puesto de pie dispuesto a renovar energías haciendo ejercicio recorriendo la zona natural que circunda mi casa de campo. Así que, ya con mi ropa deportiva y mis tenis puestos, recorrí al azar los alrededores en compañía de mis mascotas.

    Regresé a casa, hice un poco de meditación, me desayuné un licuado de frutas, preparé los temas y el proyector, y luego me dirigí a la sala, y me dispuse a esperar a mis visitantes leyendo un libro que tomé al azar de uno de los libreros. Me quedé absorto en la lectura del libro “Los dragones del edén”, y, de improviso, pero con puntualidad, arribaron Susana y su pequeña.

    Abrí la puerta de entrada a la propiedad, y, luego de los saludos iniciales y de que Dana jugara un poco con mis mascotas, sabiendo que no habían tenido contratiempos durante el trayecto, pasamos al interior de la casa. Aunque el ambiente era fresco, era tolerablemente agradable y apropiado para disfrutar la mañana. Pasamos a la cocina, y, luego de que comieran alguna fruta y disfrutado de un poco de chocolate calientito unas piezas de pan, nos dispusimos a repetir el plan del día anterior, que era el de enseñarle a Dana acerca de los PLCs, y Susana, por su parte, se quedaría aparte organizando actividades personales, haciendo llamadas, y, como era de esperarse, nos prepararía algo delicioso de comer, que degustaríamos a la hora de la comida.

    Comencé con un repaso rápido de los temas del día anterior, y consulté con Dana si tenía dudas hasta el momento, pero me respondió negativamente. Así que proseguimos, no sin antes preguntarle a la pequeña, de forma muy directa, lo siguiente:

- ¿No se supone tienes clases en la Universidad? ¿No estás asistiendo al campus?

    A lo que me respondió:

- Sí; sí tengo clases todos los días, pero, algunas de ellas no son presenciales. Hoy, por ejemplo, ya tomé mis clases de 7 a 9 de la mañana. A veces requiero ir a hacer prácticas en los talleres de la Universidad y mi mamá me lleva. Pero en estos días tomaré las clases en casa. Y pienso que algunas de las prácticas que me encarguen las podré realizar aquí en tu laboratorio, si no te molesta.

- Muy bien, Dana. Cuando desees, puedes venir y realizar tus trabajos; no me molesta, al contrario, me da gusto poderte brindar ayuda – le contesté. Y añadí:

- Entonces, te has de levantar muy temprano; apenas te dará tiempo de estar lista para venir aquí. Yo me levanto antes de las 6 y me pongo a trotar por los alrededores, regreso, de ducho y desayuno; me agrada levantarme temprano, pero, al menos por ahora, es por gusto que así distribuya mi tiempo. A ti no te dará tiempo de hacer ejercicio, supongo.

- ¡Debe ser genial ejercitarse en el bosque! Yo vivo en la ciudad, y hay pocos espacios naturales. Aquí me encantaría practicar todas las mañanas. De momento sólo practico en casa, aunque también asisto a clases.

- ¿Más clases? ¿Por la tarde? ¿En la Universidad? ¿Allí haces ejercicio?

- No; son clases de artes marciales, de Kung-Fu. Tengo dos clases entre semana por la tarde; pero practico todos los días en casa – me contestó con aire de seriedad Dana.

- ¡Vaya! Una vez más, me sorprendes, que, a estas alturas, ya debería estar acostumbrado a escuchar sorpresas como esa -respondí a la pequeña. Y seguí con mis cuestionamientos:

- ¿Cómo es que te nació esto de aprender artes marciales? Pensé te inclinabas por ser pacífica y poco agresiva. ¿Veías películas de karate, o algo así?

- No; te equivocas; fue mi papá quien me empezó a enseñar, pues él era militar y sabe de defensa personal y artes marciales. Me dijo que si quería aprender, y le dije que sí. No me parece una disciplina violenta; pienso que es bueno saber defenderse, aunado a eso, hago ejercicio, me mantengo en forma, puedo concentrarme mejor en mis actividades, y lo disfruto mucho. ¿A ti no te gusta? ¿Crees que eso hace malas a las personas? – me preguntó la pequeña.

- Bueno, yo sólo he visto esas disciplinas en el cine, y, pues no lo había visto desde la perspectiva que planteas. Puede que algún día me enseñes algo de karate; ¿es lo que practicas, cierto?


 - No; no es karate; es Kung-Fu. Y yo puedo enseñarte, así como me enseñó mi papá. Sólo le preguntaré a mamá cuándo podemos practicar – me respondió Dana. Luego añadió:

- ¿A las cuatro de la mañana está bien?

- ¿Cómo que a las cuatro? A esa hora todavía estoy bajo los influjos de Morfeo. ¿No podría ser más tarde?

    La pequeña finalmente salió de su postura seria, se sonrío, y delató que sólo estaba bromeando. Y me dijo:

- ¡Sí; era broma! Puede ser más tarde. ¿Vale?

- ¡Me parece grandioso! – respondí. Y añadí:

- Bien; continuemos, Dana. ¿Qué te parece?

    La pequeña asintió con su cabecita rubia, y dimos inicio al tema del día, el cual se mostraba en la diapositiva correspondiente:

Arquitectura de un Control Digital

    Aunque matizamos un poco, el tema ya le era familiar a la pequeña Dana. Así que pasamos al siguiente apartado:

Definición y Componentes de una CPU

    No bostezó la pequeña, pues, a todas vista, ya también conocía todos estos conceptos. Sin mucho qué decir, nos saltamos al siguiente tema:

Opciones de Comunicación en un PLC. Comunicación Serial

    Bueno, por fin un tema del que Dana sólo había escuchado, que le causó interés, este de la comunicación RS-232. Le mostré que era una forma muy elemental de transmitir datos por un cable; le mostré cables de este tipo, cables de comunicación serial RS-232, le expliqué, de forma general, qué parámetros involucraba (puerto de comunicación, velocidad, paridad, detección de errores, etc.), y cómo podía construir su propio cable. Le pareció interesante a la pequeña, al igual que la comunicación RS-485 y DH+. Despejadas sus dudas y saciada su curiosidad, abordamos la siguiente diapositiva:

Opciones de Comunicación en un PLC. ComunicaciónEthernet/IP


     Supuse esto de la comunicación por red Ethernet le sería bastante familiar, pero noté en su expresión algo raro cuando abrí el tema, como si algo en su interior hubiera hecho clic. Y me preguntó:

- ¿También los PLCs manejan este tipo de comunicación?

    A lo que le respondí:

- ¡Sí, también! Eso los ha hecho más amigables, pues, como ves, hay un gran contraste entre la comunicación serial y la comunicación Ethernet. Claro, como vemos, la comunicación por red Ethernet doméstica no es exactamente la misma que se maneja en los PLCs. Para ser más precisos, específicamente en Siemens utilizamos, ya sea ProfiNet o Industrial Ethernet, y con Allen-Bradley empleamos Ethernet/IP. Bajo ciertas consideraciones, sobre todo, atendiendo a la seguridad de la información, de las máquinas, de los procesos, es posible realizar una conexión en red para que, por ejemplo, a nivel de supervisión, los encargados de áreas como de producción o gerencia puedan ver el proceso a nivel de planta. Esto se logra conectando la red de control (de los PLCs) con la red administrativa. Incluso, puedes llevar, como digo, bajo restricciones de seguridad, todo el proceso de la planta a la red y poderlo monitorear desde tu casa o desde cualquier parte del mundo.

    Al terminar de decir esto, Dana seguí en silencio, como si esto le fuera enteramente nuevo. No sé qué había en su mente que, aunque de enorme intelecto, habitaba en una pequeña de apenas 11 años.

- ¡Muy bien! – finalmente comentó.

- ¿Todo claro, Dana? – le pregunté al verla salir de su ensimismamiento.

- ¡Sí, por supuesto! – respondió. Y agregó:

- Y aprenderé a cómo hacerlo, ¿verdad?

- ¡Claro! A estas alturas de la tecnología de los PLCs es una práctica inherente para programar una CPU. Establecer comunicación, en casos como Siemens y Allen-Bradley, en sus líneas más actuales, por medio de Ethernet, es absolutamente indispensable. Y eso es casi siempre lo que hacemos para conectarnos a un PLC. Casi siempre, porque puede haber algunos equipos que requieran que primeramente se les configuren los parámetros de red, como son dirección IP y máscara de red, y para ello sea necesario hacer un paso previo, y comunicarnos mediante algún otro puerto que, pudiera ser, por ejemplo, un puerto USB o RS-232. Pero una vez configurado su puerto Ethernet, las siguientes tareas fluyen más rápido y te liberan de algo molesto en la mente. De alguna manera te sientes más a gusto programando por un puerto Ethernet que por algún otro. Y eso te da libertad para proseguir la programación con un inconveniente menos. Pero, no te preocupes, pronto aprenderás a conectarte a un PLC. ¿De acuerdo, Dana?


- ¡Sí, sería grandioso! – respondió.

- ¡Excelente! – exclamé. Y añadí:

- ¿Te parece que continuemos, o ya quieres un descanso? Ya ves que esto ha sido pura teoría hasta ahora.

- No. Está bien. Me agradan mucho los temas; no tengo problema para seguir aprendiendo – me aclaró Dana.

- ¡De acuerdo! Sigamos. ¿En qué nos quedamos?... ¡Ah! ¡Sí!, en las redes Ethernet. Ahora pasamos a:

CPU’s de la familia de PLCs Simatic S7-1500

    Aunque este tema le atrajo la atención a la pequeña Dana, advertí que se estaría preguntando cómo serían en la realidad esos dispositivos que sólo veía en las diapositivas. De momento, sólo se limitaría a imaginarlas. Llegado el momento, comenzaríamos a practicar con un PLC de verdad.

    Y cuando me preguntó:

- ¿Qué es un HMI? ¿Qué es TIA Portal?

    Le respondí:

- Para responder a tus preguntas, pasemos a la siguiente presentación:

Interfaces hombre-máquina Simatic

    Visto el tema, le comenté:

- Y ahora respondo a tu segunda pregunta con esta diapositiva:

“Simatic TIA Portal v12”

    Y agregué:

- TIA Portal es el software para programar los PLC’s de Siemens, S7-300, S7-1200 y S7-500; también te permite configurar drives o variadores de velocidad, que son equipos que regulan, como su nombre lo dice, la velocidad de motores eléctricos; y, además también permite programar los HMI’s, los que vimos en la presentación previa. ¿Tienes dudas?

- Sí, muchas; pero creo que cuando practiquemos muchas de ellas se me despejarán. De momento sólo veo un amplio panorama de lo que son los PLCs, y pienso que poco a poco iré aprendiendo y tendré una idea más clara de qué son, en base a lo visto hasta ahora, y cómo darles el uso para el que fueron diseñados. ¿Verdad? – me preguntó la pequeña.

    A lo que le respondí:

- Efectivamente. Aunque, para tu caso, eso de poco a poco, no aplica, pues tú aprender muy rápido. Ya en cuanto empecemos a practicar, como comentas, se te despejarán muchas dudas y verás todo más claro. Y, si no tienes inconveniente, pasamos a ver el siguiente tema teórico; ya es último, o casi el último, antes de ponernos a hacer alguna práctica; ¿te parece?

- ¡Sí! Continuemos – me respondió Dana.

    Y se mostró la diapositiva siguiente:

Lenguaje de Programación LAD

- Este lenguaje – le expliqué- es el más utilizado en la programación, pues es sencillo de entender ya que se basa en la representación de diagramas eléctricos, los cuales son de uso muy difundido y comprendido por el personal eléctrico de las plantas. ¿Lo conocías, Dana?

- No; ese lenguaje de programación, no; yo sé de Basic, Pascal, Fortran, de “C”, de “C++”, de Java, de Phyton, y otros más; pero no de ése.

- ¡Caray! Eres una enciclopedia de carne y hueso – comenté bromeando.

- Pronto lo aprenderás, pues no te resultará difícil – agregué.

- Imagino que no – asintió la pequeña.

- Muy bien. Ahora pasamos a…

- ¡A comer! – se escuchó la voz de Susana.

- ¿No los interrumpo? ¿Cómo van? ¿No están cansados y hambrientos? Yo los he escuchado desde mi trinchera en la cocina, y creo que ya han de estar fastidiados, supongo.

- No; nos interrumpes; hemos tenido una sesión bastante fluida y para nada que nos hemos sentido hastiados; o, ¿tú qué dice, Dana?

- Yo tampoco estoy cansada, pero sí con un poco de hambre y mucha sed. Estoy aprendiendo mucho y me estoy divirtiendo también.

- Pues, no se diga más, y vamos todos a sentarnos a la mesa. ¿Qué les parece? – preguntó Susana.

    Y asentimos unánimemente Dana y yo.

     Disfrutamos de una rica comida, sazonada por una amena plática sobre pocos temas, tales como el avance en el curso, lo mucho que ha avanzado Dana en su aprendizaje, los pendientes de Susana con su negocio, y su emprendimiento como conferencista motivacional, y, también de mis próximas clases de Kung-Fu con Dana… y Susana, pues ella también domina este arte. Aunque me sentía incómodo, pues como esta práctica marcial la asocio con violencia, ya sea por prejuicios sociales, por influencia de películas, como “Kung-Fu Panda” y su zaga, u otras razones, quise enmarcarla más desde la perspectiva de que es una práctica física, que ayuda a mantenerme en forma, a la coordinación motora, al equilibrio emocional, quizá.  Y también para seguir el consejo de “mente sana en cuerpo sano”. No creo corriera riesgo por aprender un poco de artes marciales. ¿O sí? Mejor no contestar esta pregunta.

- Yo no golpearía a una dama, ya saben, ni con el pétalo de una rosa -comenté.

- De acuerdo; entonces, podremos golpearte confiadamente – complementó mis palabras con una sonrisa maliciosa en su rostro, que siempre me había parecido armonioso, con su cabello negro que bajaba por sus hombros, su tez clara, sus ojos cafés claros, su nariz fina, y sus labios regulares; todo parecía cambiar drásticamente ante esta amenaza salida de sus labios que dejaban ver unos dientes blancos perfectamente alineados.

    No salía de mi trance hasta que me dijo con alivio, alivio para mí:

- ¡Es broma! ¡Mira tu cara! No te creas; no te golpearemos confiadamente; pero sí te golpearemos… con cariño…  – lo dijo riendo, y Dana también le hacía dúo.

- Menos mal; eso me conforta – añadí siguiendo la línea de su sarcasmo.

- Pues ya nos retiramos – comentó Susana, mientras depositaba en el fregadero la cuchara con la que degustó la última porción de su helado.

- Pero, mami – replicó la pequeña Dana-, todavía quería saber algo.

- ¿De la clase de PLCs? Ya será mañana, Dana; tengo algunos compromisos pendientes y llevarte a tu clase de artes marciales.

- No; no es de los PLCs – le contestó Dana. Y, haciéndole un ademán con la mano a su mamá para que se acercara, cosa que Susana hizo, acto seguido algo le murmuró la pequeña en voz baja a su mamá.

    Incorporándose, Susana, sonriente, me dijo:

- Esta pequeña diablilla, curiosa a más no poder, quiere saber si le puedes mostrar a dónde conduce o qué hay detrás de una puerta que vio en tu taller, perdón laboratorio, no quiero ofender; disculpa que sea tan insidiosa, pero ya ves cómo son los niños. Sólo espero no te incomode; si no, no hay problema; lo sabremos entender.


 - ¿Cuál puerta será? – pregunté.

Dana señalando con el dedo, dijo:

- La que está allá, en el laboratorio, a un costado.

- Ok. ¿Me dices cuál, Dana? Vamos.

    Nos dirigimos nuevamente al laboratorio. Allí Dana se dirigió, precisamente a una puerta, también un poco camuflajeada entre tanto tiliche, que estaba a un costado del laboratorio.

- Así que quieres saber qué hay. Pues de allí saldrá la bruja que mataron Hansel y Gretel – le dije. Por supuesto, mirándome con una sonrisa, me dio a entender que no me creyó.

    Sin más demora, abrí la puerta, que no estaba cerrada con llave, les mostré lo que allí había.

- ¡Una escalera! – exclamó Dana.

 

- Y, ¿a dónde lleva? – agregó.

- Esta puerta no la abro mucho; como ven, desde aquí podemos salir al patio; pero también podemos salir por la puerta que está en pasillo opuesto a la cocina, y de aquí a la escalera. Ahora, ¿quieren subir por ella y ver qué descubren?

- ¡Sí! – dijo Dana con entusiasmo.

    Así que subimos los peldaños de piedra de la escalera y accedimos al segundo nivel, exactamente por encima del laboratorio.

    Llegamos a la parte superior de la escalera y nos topamos con otra puerta; y esta conducía, en primer lugar, al cuarto de servicio, donde estaban allí una lavadora, cestos con ropa sucia (poquita ropa, claro; nada más se me había acumulado la de unos 3 meses), un lavadero, y algunos cacharros más, como cubetas, trapeadores, escobas, y se veía iluminado por la luz del día que entraba por las ventanas de sus costados. Del otro lado de este cuarto, había otra puerta, la cual daba acceso a una terraza. Abrí la puerta y pasamos a la terraza, desde la cual se podía contemplar una hermosa vista del bosque, y, ya que la casa estaba construida prácticamente a la orilla de una ladera, la vista de las montañas era impresionante e inspiradora, por eso Dana y Susana exclamaron:

 

- ¡Wow! ¡Es grandioso! ¡Qué magnífica vista!

    Y, realmente lo era.

- Ya no me quiero ir – dijo la pequeña Dana, extasiada ante vista del paisaje natural que contemplaba.

- Aquí pueden venir cuando quieran - agregué. 

    Nos quedamos en silencio contemplando todo, disfrutando de la brisa y el aroma que portaba, y de los sonidos provenientes de lo profundo del bosque.

 

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[Continuará...]